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Depresión

Los griegos lo llamaban melancolía, los romanos opresión o encogimiento y ya en el siglo XVIII se la definió tal y como se conoce en la actualidad: depresión. Según la OMS (Organización Mundial de la Salud) este trastorno en el estado de ánimo lo sufren ni más ni menos que 350 millones de personas en el mundo, de los cuales a un millón les llevará a una situación extrema que les llevará al suicidio. Con estos datos nos presentamos ante un trastorno mental de primera magnitud que debe ser analizado.

¿Pero que es la depresión? La depresión nos conduce a una serie de síntomas que en función de su intensidad puede catalogarse como un trastorno leve, moderado o grave, como son estado de ánimo bajo o irritable, sentimientos de desesperanza, abandono o inutilidad, y autoestima baja. Lo que nos lleva a su vez a cambiar nuestras formas de vida y hábitos a otros donde se escenifica y visualiza nuestra depresión mucho más, como cambios en el apetito (comiendo mucho más o casi nada), insomnio, movimientos lentos y desganados, deje de las obligaciones cotidianas, falta de concentración y por supuesto, todo estos desórdenes nos llevan a estar permanentemente desganados y cansados.
Toda una retahíla de síntomas que se producen por una heterogeneidad de circunstancias, tan variadas y tan habituales muchas de ellas, que nos hacen a todos vulnerables a padecerla alguna vez, tanto que de hecho es frecuente aunque sea en periodos cortos. Algunas de estas circunstancias tienen como punto de partida tratamientos médicos o afecciones difíciles o agudas, como un dolor prolongado en el tiempo o tratamientos contra el cáncer, o adicciones, como con el alcohol o las drogas.

Sin embargo, otros hechos intrínsecos al desarrollo de la vida de cualquier persona pueden llevarnos a ello, como el rechazo social, malestar o ruptura con tu pareja, pérdida del trabajo o muerte de un familiar o amigo. De hecho aspectos tan generales y aparentemente alejados como el contexto social o económico que vive un país, tiene una relación directa con este trastorno en muchos casos. España es un ejemplo de ello, donde la crisis económica ha llevado a incrementar el número de consultas al médico de familia por este tipo de situaciones, entre las que se encuentran bajo estado de ánimo o ansiedad.

Ante esta situación lo mejor es buscar a un buen profesional, y para ello lo primero que hay que hacer es proclamar la normalidad en este tipo de acciones, es decir, se han de desterrar los prejuicios que pueda haber sobre el hecho de ir, reconocer que necesitamos ayuda y entender que es un síntoma mental que puede ser más grave que muchos físicos, de los cuales no dudamos en ir a que nos atiendan.

Algunas acciones incorporadas a nuestra rutina, que en un principio pueden parecer ineficaces, tienen una acción mucho más beneficiosa de lo que creemos, por ejemplo hacer deporte, comer bien y a las horas debidas, dormir correctamente y pasar mucho tiempo fuera con amigos y familiares. A estos hechos cotidianos hay que sumar factores nutricionales, ya que consumir alimentos específicos como el chocolate negro, almendras, aceite de oliva o plátanos pueden ser los mejores medicamentos contra nuestra negatividad. Si es más agudo lo mejor es que su profesional le oriente. En cualquier caso atendamos a este trastorno tan frecuente en nuestra sociedad, y desterremos prejuicios.

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